sábado, 25 de febrero de 2017

El viento comenzó a mecer la hierba (824) - Emily Dickinson

 El viento comenzó a mecer la hierba.

Con ruidos graves y amenazadores

envió una amenaza a la tierra

y otra amenaza al cielo.

Las hojas se desprendieron de los árboles

y se esparcieron por todas partes.

El polvo se arremolinaba,

como agitado por unas manos,

y por el camino se alejaba.

Las carretas se apresuraban en las calles.

El trueno, lentamente, se desató;

el relámpago mostró un pico amarillo

y una lívida garra a continuación.

Los pájaros levantaron

las empalizadas de sus nidos.

El ganado corrió a los establos.

Cayó una gigantesca gota de lluvia, y luego,

como si las manos que sujetan los diques

se hubieran levantado,

las aguas rompieron el cielo,

pero pasaron sobre la casa de mi padre

y sólo rompieron un árbol.

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