jueves, 16 de enero de 2014

Todo me habla de tí - Alicia Maguiña


Todo me habla de ti
la noche, el sol, el mar,
la rosa, el alhelí,
el viento al canturrear.

Aquellas calles que
contigo recorrí
y el rosario de cuentas...
todo me habla de ti..

Los peces para el mar,
para el jardín, la flor,
la miel para la abeja
y para mí tu amor.

¡Ayayay! Pero...
la campana en su tañer, 
el cielo con su color
todo mi dulce querer, 
todo repite tu amor.

El lirio con su candor,
La paloma, el colibrí, 
El río con su rumor
Todo me habla de ti.

9 comentarios:

Javier Larrain dijo...

Dasadaptada:
Me alegra que te alegre que visite tu sitio y comente algunas cosas. Muchas gracias por Alicia Maguiña que me re encantó, no la conocía porque a decir verdad no soy un completo ignorante de la música peruana; lindísima voz la tipa.
Ahora que has dejado a un “click” a Pablo de Rokha de mi vida, lo leeré. En innumerables ocasiones me ha salido a colación su nombre y nunca me di el tiempo de leerlo. ¿Te das cuenta que es útil tu blog?
Además, te cuento que desde ayer me tienes pensando en una cosa. Cuando leí lo de tu padre caí en el recuerdo de mi madre que murió cuando yo tenía quince años, automáticamente sumé y resté y reparé que este año cumpliré treinta, o sea, la mitad de mi vida sin la vieja. Y lo que es peor nunca me di el trabajo -como tú- de recordarla con insistencia lo que inevitablemente provocó que se me fuera diluyendo su voz, sonrisa, carácter -era una fiera-, etcétera. Lo único que tengo claro es que si hubiese vivido unos años más estaríamos en eterna guerra fría por nuestras visiones políticas. (Uno de los recuerdos más bellos que tengo de la vieja es verla llegar del trabajo, sentarse en el living, cigarrillo encendido en la mano derecha y un pequeño café amargo en la izquierda, para luego apretar “play” en el radio y comenzar a tararear el disco “Mediterráneo” de Serrat. ¿Lindo recuerdo, no?).
Lo anterior me hizo recordar un poema del ensayista y poeta Roberto Fernández Retamar que escribiera en memoria de su padre: “¿Y Fernández?”. Tal vez te guste. De entradita te dejo otro para que tases a Retamar, como es que se le conoce popularmente: “Felices los normales”.

JLP

Pd.: Gracias por lo de Viglietti, no sabía de ese programa. Había visto uno que tiene en la TV uruguaya que se llama “Párpado” y otro por Tele Sur que se llamaba “Canción del Sur”. En fin… me mata el viejo ese, es adictivo como Zitarrosa, no sé… el ritmo y transparencia que tienen los uruguayos es admirable.

Javier Larrain dijo...

FELICES LOS NORMALES
(A Antonia Eiriz)

Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un
hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco
más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más
borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

1963

Javier Larrain dijo...

¿Y FERNÁNDEZ?
(A los otros Karamázov)

Ahora entra aquí él, para mi propia sorpresa.
Yo fui su hijo preferido, y estoy seguro de que mis hermanos,
Que saben que fue así, no tomarán a mal que yo lo afirme.
De todas maneras, su preferencia fue por lo menos equitativa.
A Manolo, de niño, le dijo señalándome a mí
(Me parece ver la mesa de mármol del café Los Castellanos
Donde estábamos sentados, y las sillas de madera oscura,
Y el bar al fondo, con el gran espejo, y el botellerío
Como ahora solo encuentro de tiempo en tiempo en películas viejas):
«Tu hermano saca las mejores notas, pero el más inteligente eres tú».
Después, tiempo después, le dijo, siempre señalándome a mí:
«Tu hermano escribe las poesías, pero tú eres el poeta».
En ambos casos tenía razón, desde luego,
Pero qué manera tan rara de preferir.

No lo mató el hígado (había bebido tanto: pero fue su
hermano Pedro quien enfermó del hígado),
Sino el pulmón, donde el cáncer le creció dicen que por haber fumado sin reposo.
Y la verdad es que apenas puedo recordarlo sin un cigarro en
los dedos que se le volvieron amarillentos,
Los largos dedos en la mano que ahora es la mano mía.
Incluso en el hospital, moribundo, rogaba que le encendieran un cigarro.
Sólo un momento. Sólo por un momento.
Y se lo encendíamos. Ya daba igual.

Su principal amante tenía nombre de heroína shakesperiana,
Aquel nombre que no se podía pronunciar en mi casa.
Pero ahí terminaba (según creo) el parentesco con el Bardo.
En cualquier caso, su verdadera mujer (no su esposa, ni desde
luego su señora)
Fue mi madre. Cuando ella salió de la anestesia,
Después de la operación de la que moriría,
No era él, sino yo quien estaba a su lado.
Pero ella, apenas abrió los ojos, preguntó con la lengua pastosa: «¿Y Fernández?»
Ya no recuerdo que le dije. Fui al teléfono más próximo y lo llamé.
Él, que había tenido valor para todo, no lo tuvo para separarse de ella
Ni para esperar a que se terminara aquella operación.
Estaba en la casa, solo, seguramente dando esos largos paseos
de una punta a otra
Que yo me conozco bien, porque yo los doy; seguramente
Buscando con mano temblorosa algo de beber, registrando
A ver si daba con la pequeña pistola de cachas de nácar que
mamá le escondió, y de todas maneras
Nunca la hubiera usado para eso.
Le dije que mamá había salido bien, que había preguntado
por él, que viniera.
Llegó azorado, rápido y despacio. Todavía era mi padre, pero
al mismo tiempo
Ya se había ido convirtiendo en mi hijo.

Mamá murió poco después, la valiente heroína.
Y él comenzó a morirse como el personaje shakesperiano que sí fue.
Como un raro, un viejo, un conmovedor Romeo de provincia
(Pero también Romeo fue un provinciano).
Para aquel trueno, toda la vida perdió sentido. Su novia
De la casa de huéspedes ya no existía, aquella trigueñita
A la que asustaba caminando por el alero cuando el ciclón del 26;
La muchacha con la que pasó la luna de miel en un hotelito
de Belascoaín,
Y ella tembló y lo besó y le dio hijos
Sin perder el pudor del primer día;
Con la que se les murió el mayor de ellos, «el niño» para
siempre,
Cuando la huelga de médicos del 34;
La que estudió con él las oposiciones, y cuyo cabello negrísimo
se cubrió de canas,
Pero no el corazón, que se encendía contra las injusticias,
Contra Machado, contra Batista; la que saludó la Revolución
Con ojos encendidos y puros, y bajó a la tierra
Envuelta en la bandera cubana de su escuelita del Cerro, la
escuelita pública de hembras
Pareja a la de varones en la que su hermano Alfonso era
condiscípulo de Rubén Martínez Villena;
La que no fumaba ni bebía ni era glamorosa ni parecía una
estrella de cine,
Porque era una estrella de verdad;
La que, mientras lavaba en el lavadero de piedra,
Hacía una enorme espuma, y poemas y canciones que
improvisaba
Llenando a sus hijos de una rara mezcla de admiración y de
orgullo, y también de vergüenza,
Porque las demás mamas que ellos conocían no eran así
(Ellos ignoraban aún que toda madre es como ninguna, que
toda madre,
Según dijo Martí, debiera llamarse maravilla).

Javier Larrain dijo...

(Continuación de "¿Y Fernández?)

Y aquel trueno empezó a apagarse como una vela.
Se quedaba sentado en la sala de la casa que se había vuelto
enorme.
Las jaulas de pájaros estaban vacías. Las matas del patio se
fueron secando.
Los periódicos y las revistas se amontonaban. Los libros se
quedaban sin leer.
A veces hablaba con nosotros, sus hijos,
Y nos contaba algo de sus modestas aventuras,
Como si no fuéramos sus hijos, sino esos amigotes suyos
Que ya no existían, y con quienes se reunía a beber, a conspirar,
a recitar,
En cafés y bares que ya no existían tampoco.

En vísperas de su muerte, leí al fin El Conde de Montecristo,
junto al mar,
Y pensaba que lo leía con los ojos de él,
En el comedor del sombrío colegio de curas
Donde consumió su infancia de huérfano, sin más alegría
Que leer libros como ese, que tanto me comentó.
Así quiso ser él fuera del cautiverio: justiciero (más que vengativo)
y gallardo.
Con algunas riquezas (que no tuvo, porque fue honrado, como
un rayo de sol,
E incluso se hizo famoso porque renunció una vez a un cargo
cuando supo que había que robar en él).
E incluso se hizo famoso porque renunció una vez a un cargo
cuando supo que había que robar en él).
Con algunos amores (que sí tuvo, afortunadamente, aunque
no siempre le resultaran bien al fin).
Rebelde, pintoresco y retórico como el conde, o quizá mejor
Como un mosquetero. No sé. Vivió la literatura, como vivió
las ideas, las palabras,
Con una autenticidad que sobrecoge.
Y fue valiente, muy valiente, frente a policías y ladrones,
Frente a hipócritas y falsarios y asesinos.
Casi en las últimas horas, me pidió que le secase el sudor de la cara.
Tomé la toalla y lo hice, pero entonces vi
Que le estaba secando las lágrimas. Él no me dijo nada.
Tenía un dolor insoportable y se estaba muriendo. Pero el conde
Sólo me pidió, gallardo mosquetero de ochenta o noventa libras,
Que por favor le secase el sudor de la cara.

1979

Literalia dijo...

Pues, me alegro de estar de vacaciones...Me da la oportunidad de no leer a la rápida (bueno, dependiendo de la emoción que lo leído provoque, je). Roberto Fernández R. (comparto con él apellido..Bueno, mi segundo es su primer)me removió y quiero seguir buscándolo. ^^

Pues, tu madre me ha parecido una hermosa mujer, así como tu imagen de ella, porque aunque sea algo chiquito, ahí está y puedes recurrir a ella. Con mi papá sucede algo similar (llevo más años sin él -y ¡oye! a todo esto, cumples 30, yo 31. Soy del 83'), pero me he dedicado a preguntar por las fotos y de chica pegaba la oreja cuando surgía en las conversaciones y recuerdos donde en familia tocaba la guitarra u otros instrumentos... Es claro que no tendré la visión exacta, que seguramente algunas cosas aparecen exacerbadas, pero así como te pasa con ese tema de Serrat, a mi con varios de Sui Generis o Silvio Rodriguez, donde siempre lo encuentro cuando canto (me gusta la guitarra, aunque no tengo su virtud con ella, pero me acompaña, al menos. Ni cantante, pero me siento feliz, viva).

Saludos.,

P.

Literalia dijo...

Otra cosa. Mira, hoy escuché esto:

http://www.espectador.com/cultura/281410/di-logo-de-fin-de-a-o-con-eduardo-galeano

Es del mismo programa radial de Daniel V. Espero puedas escucharlo y me digas que te pareció. Me encanta la dinámica del programa, además es una edición especial. Espero tengas tiempo...

Javier Larrain dijo...

Literaria-Desadaptada:

Me alegra que te haya gustado la poesía de Retamar, inscrita en la corriente que los estudiosos llaman “poesía conversacional”, un movimiento de vanguardia en los años sesenta. Al final te dejo un poema escrito a su hija -es mi preferido-: “A mi amada”.

Escuché la entrevista de Viglietti a Galeano y, entre otras cosas, me queda por decirte que me has hecho un gran mal porque me dan ganas de escuchar todos los programas archivados que deben contener decenas de horas. ¿De lo de Galeano? Está re linda la entrevista. Me emocionó particularmente lo de Simón Rodríguez porque hacía tiempo que no le recordaba, de hecho me encantó que hiciera referencia a la disputa que tuvo con el Mariscal Sucre a fines de la década del veinte e inicios del año treinta -en cuanto a los programas educacionales- cuya mayor consecuencia fue que Simón Bolívar se alineara con Sucre y no con su maestro, a quién no volvió ver nunca más. Esa situación -tal como dice Galeano- motivó que el tomara una mula y se dedicara a vagar solitariamente el resto de su vida por el continente, pasando por Valparaíso y radicándose en Concepción donde hizo clases de matemática, letras y anatomía, aún más, fue integrante de una comisión reconstructora de la ciudad luego del terremoto del 34 o 35. En la misma se vinculó con el pueblo mapuche y se emparejó con una indígena, hasta que los vecinos pidieron su salida por su escandalosa y aireada vida, ¿un tipazo, no? La muralla más antigua de esa ciudad corresponde a los simientes del Instituto Literario donde el venezolano dictó clases. Hace años había una tarja que recordaba estos hechos, ahora nada. Nadie sabe que por esas céntricas calles penquistas alguna vez caminó Don Simón.

Lo otro que me sorprendió fue su relación con Allende. Desconocía esa amistad tan estrecha. Te cuento que el otro día escuché una sobre el presidente boliviano Evo Morales. Estando en París la prensa local comenzó una campaña de desprestigio en su contra y de forma mal intencionada le encararon que hospedara (un presidente de izquierda) en un Hotel con cinco estrellas, encarándolo uno de ellos por su “inconsecuencia”, a lo que el presidente le respondió: “¿Cinco estrellas?, si yo en la montaña dormía bajo un cielo de mil estrellas.” Son re lindas esas anécdotas, ¿no?

Javier Larrain dijo...

Te cuento que hay un semanario digital cubano llamado La Jiribilla (www.lajiribilla.cu) y esta semana hay un especial dedicado a un joven y notable poeta llamado Rubén Martínez Villena, quien además fundó el Partido Comunista de Cuba a medidos de la década del veinte y murió tempranamente a causa de una tuberculosis. Te adjunto una poesía de su autoría: “La pupila insomne”.

En fin, también tienes bellos recuerdo de tu viejo. Lo que no me quedó claro es que si él era el que guitarreaba a Silvio Rodríguez y Sui Generis o si las canciones de ambos te hacían recordarlo. Respecto a tus cualidades guitarrísticas no debes afligirte pues no eres concertista ni cantora profesional, mientras tú te sientas bien sacando tal o cual canción y te enriquezca ese ejercicio está todo bien.
Salu2

Pd.: Hay otro poema de Retamar titulado: “Con las mismas manos”. De ahí tomó Silvio Rodríguez el concepto-idea del verso de Te doy una canción: “… te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar…”

Javier Larrain dijo...

A mi amada (R. Fernández Retamar)

En el Día de los Enamorados, el domingo, he despedido a mi amada.
Subió al ómnibus de la mano de su compañero,
Que en la otra mano llevaba una guitarra remendada.
Se sentaron sonrientes en el primer asiento: ella ocultaba su tristeza con un giro
de sus bellos ojos,
Y él estaba ya proyectando aventuras, cacerías, veladas con música.
Los rodeaban nuevos amigos que aún ignoraban que lo eran:
Iban a empezar a conocerse en un largo viaje,
Cambiando de avión en Madrid, en Roma, hasta llegar a su destino,
Su destino de médicos durante dos años.
Fui a buscar una flor, o al menos una hoja de árbol,
Para dársela como hacía cuando ella regresaba cada domingo a su beca.
Pero el ómnibus empezó a ronronear, y tuve que regresar de prisa.
Mi amada había descendido y me esperaba en la calle.
Apenas nos abrazamos. No teníamos tiempo. Quizás tampoco teníamos fuerza.
Regresó a su asiento. Movimos nuestras manos en el aire del mediodía.
Sé que lleva en su maletín dos dólares y unos centavos y una novela alucinada.
Confío en que le duren los tres días del viaje.
Luego empezará su otra vida, su otra novela, de médica en África,
De médica en Zambia, adonde mi hija ha marchado,
En el Día de los Enamorados, de la mano de su gallardo compañero de barba
roja.
–Sé útil. Sé feliz. Este triste está orgulloso de ti–.
Te espero siempre, amada.



La pupila insomne (Rubén Martínez Villena)

Tengo el impulso torvo y el anhelo sagrado
de atisbar en la vida mis ensueños de muerto.
¡Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado!...
(¡Ya dormiré mañana con el párpado abierto!)…