jueves, 19 de septiembre de 2013

Gato muerto

Mientras iba a descolgar la ropa seca, se dió cuenta que en su patio había un gato. Ninguna novedad. De hecho, siempre encontraba a alguno de esos animales intentando atrapar pájaros o descansando en aquel espacio. En cuanto le oían, escapaban enseguida. Pero, en este caso, el gato no huyó. Se encontraba recostado, con las cuatro patas estiradas y la cabeza mirando hacia la pared. Sigilosamente la mujer se acercó mientras retiraba el resto de la ropa y de pronto, descubrió que aquel felino estaba muerto y ya se escuchaba el sonido de algunas moscas a su alrededor. No se veía mucho; ya oscurecía.

No sabe qué es lo que le impacta del asunto.

En realidad, más que el pobre gato muerto -al parecer quien merodeaba en sus bolsas de basura-, lo que le preocupa es qué hacer con él ahora. (Aunque por un par de segundos se imaginó a algún vecino lanzándole el gato muerto por una de las paredes contiguas. Desecha esa opción rápidamente, porque las vallas son altas y no todos sus vecinos residen ahí; en sus terrenos funcionan locales y claro, el pequeño colegio...No, en estas fiestas, nadie se encontraría por ahí y menos, para lanzar al gato ni como un estúpido juego. ¿Y una maldición? Había escuchado cuando niña que gente "mala", tiraba tierra de cementerio al patio de una casa para maldecirla y así, la familia que habitase dicho espacio, nunca fructificaría. Pero, no, no. Soy adulta ¡Qué tonterías estoy pensando! -se dijo.) Le daba lástima que, huyendo de algún peligro o enfermo, llegase a su patio y se tendiera ahí buscando reposo y su final, fuese en la basura...Quizás habría que enterrarlo. "¿De dónde saco una pala?" Tendría que esperar a que comenzasen a funcionar los locales, que la gente regrese de las fiestas. Pero, en el intertanto, se convertiría en un foco de infección que atraería a quizás cuánto bicho, laucha y todos aquellos ligados a la muerte de un ser vivo. "¡Uy¡"

Entró a la casa y fue por unas bolsas. Cuánto pesaba... Se cubrió las manos con el nylon y comenzó a meter el cuerpo sin vida en lo señalado. Aunque aguantó lo más que pudo la respiración, llegó un punto en el que ya no pudo más y llegó a su nariz el aroma del inicial proceso de descomposición.

Dejó al animal tan cubierto como pudo con muchas bolsas intentando evitar filtraciones, aunque nada evitaría que su cuerpo continué el proceso natural. Piensa en telefonear a algún amigo, para que le salve con la dichosa pala, sino, no le quedará más que enviarlo con la basura, el día que pase por su calle. De repente, pensó en su propia mascota y qué sucedería si muriera en otro lado..."Eso no pasará..." -Se dijo. Sin mayor reflexión, alejó la idea y se preparó para salir. 

...Aquel hedor por mucho tiempo, en su nariz. 

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