sábado, 25 de mayo de 2013

Anti-anécdota

Mientras esperaba a su amigo que fue al baño, comenzó a notar que estar bebiendo en plena calle cuando ya no quedaban más mesas fuera, no era la mejor opción...En realidad, pensando en cualquier cosa no se dio cuenta que se encontraba sola en una mesa para dos en plena calle dieciocho.

La mujer ya estaba junto a ella cuando le escucha pedirle cigarrillos. Se niega, porque son del amigo y le dice que si desea, lo espera. Mala idea. Aunque respondió esa tontería solo por distracción -pudo haberle regalado uno de los tres cigarrillos de la cajetilla-, se dio cuenta que aquella persona -de unos 55 años, ropa a mal traer, corpulenta, mas no muy alta, estatura, 1.60 cms. aprox.-se quedó ahí, efectivamente. "Ya pues, esperemos al conche'sumadre dueño de los cigarros. Porque si es hombre, es un conche'sumadre", señaló. "Es buen muchacho. Además, también hay mujeres que caen en la categoría" -respondió la muchacha. El dueño del bar apareció de repente y se sentó en la silla vacía del amigo, que ya tardaba demasiado. Miró a la chica con cara de "no le diga más" y ella quedó en silencio.

La mujer se acercó más a la mesa -todo este tiempo, estuvo cerca, pero más cerca de la calle que de la vereda, donde estaba ubicada la muchacha-, miró dos segundos el espacio donde estaban los cigarrillos, tomó la cajetilla rápidamente y se la llevó. A lo lejos le gritó "te quedaban dos cigarros" y de repente, se acostó en unas frazadas. Vivía a cuadra y media de ahí. 

El dueño del bar le relata un poco acerca de aquella señora. Ella dormía justo fuera del bar, pero le pidieron que se moviera un poco. Se cambió al sector de enfrente y desde uno de los departamentos -sin estar seguros de quién exactamente- le lanzaron azufre y fue ahí cuando cambió su ubicación un tanto más allá. El hombre se acercó pues en días anteriores, la mujer le lanzó el contenido de un vaso en la cara a otra chica, antes de caminar.

La muchacha observó el efecto de la noche, en esa calle de santiago. Entre tanto ajetreo mental no había reparado dónde la había arrastrado su amigo, que quería hacerle cambiar de aire y ante tanta negativa de ella no optó por nada mejor que llevarle donde más cerca les quedaba, según el sitio de encuentro. De repente, se dio cuenta también, que haber sido egoísta le impidió compartir luego los dos cigarrillos que habrían quedado y que pudo ser más amable con aquella señora. Una lástima. "Dios, seguramente me va a castigar por esto", dijo, irónica, pero con esa sensación de que, si Dios existe y estuvo observando, encontraría muy egoísta aquel gesto de su parte. Cargo de conciencia se llama eso, señaló su amigo. Ella, no quiso terminar de beber su cerveza. Caminaron un rato antes de que él la acompañase hasta su casa.

1 comentario:

Sr. MauZaa dijo...

Si yo hubiese sido esa mujer, te hubiese solicitado el vaso de cerveza y no el cigarro. Cada uno con sus gustos y disgustos.

No sé me ocurre a través de quien llegaste al mío, pero tengo un vago recuerdo de que alguna vez vi este blog, o al menos me suena bastante su nombre. Supongo que tampoco te molestará que irrumpa en tu hogar de vez en cuando.

Buen día, buena noche.

M.