domingo, 5 de mayo de 2013

Anacoreta

Espero este año se vaya rápido. Es mayo y no tengo ánimos para nada. Lo único que me entusiasma es el imaginar que conozco un lugar nuevo, respirando un aire limpio, distinto... Quiero salir de acá. Espero el tiempo pase pronto para emigrar luego.

No quiero más de la gente de esta zona, de sus palabras infames para hundir el entusiasmo o a aquellas que prefieren evitar toda clase de conceptos. Ni siquiera los buenos, los que inspiran, elevan e invitan a la vida.

Quiero ver rostros nuevos. Quiero una cama nueva, para soñar cosas distintas (anoche mi Badú -hámster- se moría). Se que toda este peste se me pega porque estoy todavía aquí. Todavía mirando al cielo preguntándome como será el día laboral y las clases; si me llamará o tal vez le importo, o si siempre será igual y esto no avanzará nada. (Ya los nombres dejaron de importar, pero el estancarse me provoca náuseas).

Quisiera que me regresara el entusiasmo y también la esperanza. No me gusta estar en mayo y yo anhelando con todo el corazón que sea cualquier día en que mis responsabilidades se parezcan a lo que realmente me gusta. No es que me desagrade el trabajo (aunque sí que es un desafío y un desgaste no siempre valorado), pero las clases este semestre no se integran a mis intereses. Y la dichosa profesora con sus frases para desmotivar a cualquiera... Después de sus clases que juegan a lo lúdico (por ejemplo), me pregunta actualmente que "cómo me sentí".   Esa "perturbación" que es el concepto que desea, le diga, dejó de existir para mí. Solo quiero aprobar pronto y olvidarme de su arrogancia y mala fe. (o fe medio perdida, no lo tengo claro. Me confunde su personalidad tan de proyectar una imagen y obligarte a ver dicha imagen).

Estoy cansada de la falta de comunicación. El estómago se me aprieta y el oído -aparte- está pidiendo operación o se jode y me voy quedando como Beethoven, pero de un oído. No sólo necesito hablar, sino ser comprendida y cobijada. Y cobijar sin ese temor...

No quiero tener que guardarme más lo que soy y lo que siento y lo que quiero.

Quizás mire con más interés los juegos de azar. A ver si el tener los viajes, operación, contribución familiar y amistosa y la lejanía con el mundo conocido y de ciudad, me calma este peso en el pecho y el cerebro (como es probable que nunca gane nada, para el caso, esperaría que me motive el "jugar", aunque me conozco y tengo claro que no me resulta atractivo el mundo de las apuestas. Maldito desinterés monetario. Ahora hasta nos llevamos mal. Antes, era un agrado personal el desapego).

Quiero ser una anacoreta. Cada vez va más en serio. También que me visite un ser celestial y me devuelva las ganas de creer en algo para irme a los montes y orar día tras día por todos/as. Pero, bien lejitos. Porque de cerca, tampoco he de estarlo haciendo muy bien.

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