viernes, 7 de diciembre de 2012

¡Ay, Ester! (5)

Recuerda el día que el tipo con el que salía  (un par de años menor: ¿incidirá eso? Se preguntó luego) le ofreció el famoso trío. Fue algo extraño. Ella, jugando a la liberada; total, ya pasados los 40 que le importaba, según sus comentarios posteriores... Le pidió una foto de la tercera persona y de repente, sintió que caía casi en un abismo. Se dio cuenta que aquel hombre tan distinto a su forma de relacionarse con el mundo le interesaba de verdad, pero no podría estar jamás con él pues nunca le creería un discurso  monógamo. Sabía que se le iría la vida a pique entre tanto exceso (sumados otros a gusto del lector, que muy probablemente no erraría) y acabaría llorando como tarada, sin posibilidad alguna de proyectarse; hasta el copete de miedos y torturas insospechadas...


...De repente, la imagen de su antiguo profesor vuelve a aparecer. Cree que tal vez debió ser más fuerte. Que no le esperó lo suficiente. Piensa en él y se recuerda, en algún momento, maravillosa. Como él le dijo cierta vez y ella no logró contener la emoción... Aun ahora, tanto tiempo después, incluso vuelve a sonreír: "Esa velada, junto a sus amigos, Agustín llega contando que tiene una polola más linda que todas las de los demás del grupo. El profesor se ríe y le dice: "tú podrás tener la más linda", pero "yo estoy con la mejor". Nadie reprochó. Ester no le había acompañado aquella noche, pero recibió un par de comentarios, molestando a su "pololo"-¿?- (Nunca dieron nombre a su historia)...

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Finalmente, Ester cortó todo de golpe con el triatleta y quedó graficada como una loca más, en las historias que él solía contar a la nueva conquista para hacerla reír.

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