sábado, 24 de septiembre de 2011

Adiós.

Miranda, luego de mirar atónita el portátil, comprendió que el tipo, después de estar desaparecido y jugando al inexistente, retorna con ánimos de presión, cuando se frotó una lámpara por meses rogando su regreso y ahora cree que están en las puertas del pasado; insultante, no sabiendo el dolor que sus palabras provocan, creyéndose con una verdad (absurda), alejada completamente de la realidad. No, señor, si él mismo sintió que podía hacer su vida, no entiendo qué diablos es lo que no "percibe" -se dijo. Ella podía buscar calma y una familia y todas aquellas cosas que aporta una relación. Él, después de eliminarla hasta de su móvil -se suponía que era mutuo, mas ella no lo olvidó, lo desmuestra aquella llamada sopresiva- él, regresa como si nada. Y lo peor, luego se enoja y le trata como a una cualquiera y ella, ya no sabe qué más hacer para lograr pensar en otra cosa.

Es más, Miranda se le acercó como una flor simple, pero él no la reconoció.
Tendió su mano y recibió el vacío.


Dile, adiós, Miranda. Dile adiós.



Él es bueno (quizás ha cambiado...es confuso), pero no es el tuyo. No, después de lo acontecido.

1 comentario:

David C. dijo...

te doy toda la razón... mejor que le diga adios.