viernes, 17 de octubre de 2008

Y después, qué?

Sabía que más que el reproche social, lo que las separaba, era su constante necesidad de que tomasen las decisiones importantes por ella. Y no tan solo las importantes, sino que en general, la mayoría. Su mujer le ofreció una vida mejor en otro lugar, donde no las conociera nadie y podían disfrutar a su gusto, pero dudaba.

Ya no podían seguir así. Casi no se veían, cada cual con sus actividades absurdas, que en nada contribuían a sus deseos. Así que, aquel viernes, decidieron definir que harían. Fueron por un trago al lugar acostumbrado, se sentaron en el sitio de siempre y con esas bebidas galácticas con colores fluorescentes dejáronse impresionar un rato por el efecto de las luces en los vasos y, en ellas mismas. La que quería establecerse fuera quiso comenzar el diálogo, pero se calló de pronto. Sobre las voces y los rostros apareció alguien que la dejó perpleja. Cuando pasó junto a ella, no pudo evitar el quedarse petrificada. Su compañera lo notó y, la observó también. ¡Qué encanto de chica! Rápidamente el contenido de los vasos desapareció y pidieron más. La muchacha esa salió a bailar y ellas pudieron notar sus formas en plenitud. Instantáneamente se levantaron y comenzaron a moverse junto a la muchacha, quien se abandonaba a los brazos de su compañero. Todo aquello que planeaban no tenía ningún sentido en este momento: querían poseerla y, competían por estar a su lado. Luego de mucho rato, notaron que sostenía una discusión con el tipo, él la empujó ligeramente hacia atrás y se precipitó rumbo a la salida. La chica, quedó perpleja en medio de la pista. Sin embargo, no salió de ahí y siguió desplazándose de esa forma que tenía como gatas en celo a la pareja que observaba, absorta. Se le acercaron y bailaron a su alrededor. Las miró y sonrío. Vestían de forma similar y cuando la menos decidida fue por los vasos y le entregaron aquel trago de color extraño, lo bebió encantada. Le gustó formar parte de ese grupo. Sabía de su atractivo y, lo que podía llegar a obtener a su costa. Así que, aunque la habían dejado a su suerte ahí, aprovecharía su momento. Sentía el cuerpo a elevada temperatura.

Charlaron un rato, brindaron por aquel lugar que las llevó a conocerse y contaron historias de lo que habían vivido. Cuando la muchacha fue al baño, se miraron para ver quien la convencía de ir a otro sitio. Yo voy, dijo la segura. Al llegar, la vio frente al espejo. Otra chica hacía esfuerzos por recuperar la dignidad, con arcadas fuertes y algo dolorosas. Además del hedor que se percibía alrededor, esto aportaba a la pesadez del ambiente. La decidida le hizo un gesto para que se acercara y oliese su perfume, escondido en los pliegues de la blusa. La muchacha sintió la combinación producida por la fragancia unida a la piel y quiso quedarse ahí. La otra notó el gesto de complacencia, la llevó a la pared y, presionó su cuerpo al de ella. Unió su boca a la suya con mucho cuidado y deslizó su índice por aquella nutrida espalda, invitándola a un sitio donde pudieran compartir más a gusto. Una amiga suya vivía cerca y podrían ir allí. Fueron por la joven a la mesa, pagaron y a pasos cortos y rápidos, se dirigieron al lugar. La muchacha quedó en medio de la pareja, tomándolas del brazo e insistiendo en que tenía frío. Una de ellas sacó un cigarrillo. Llegaron donde la amiga, pero al parecer no estaba. Como eran conocidas de la dueña de casa, sabían el lugar donde dejaba escondida una copia de llave para entrar. La chica se arrojó al sofá y cerró los ojos, indicando que estaba cansada. Una de las otras fue por vasos y algo de beber, mientras que la que no había tenido ocasión de un minuto a solas con aquella joven se sentó a su lado y se apoyó en su pecho insistiendo en que tenía sueño. Ella le habló al oído diciéndole que era muy agradable reposar a su lado. Sentir sus labios y lengua moverse tan cerca, la estremeció. Elevó la cabeza hasta la altura del cuello y pasó dientes y lengua por la muchacha. Se miraron y la chica le mordió la boca suavemente. En eso llegó la resuelta y les pidió que no se detuvieran. La encendía verlas así. Resultaban realmente muy deseables y quería poseerlas con calma.

2 comentarios:

Silenciosa Oscuridad dijo...

esa onda?

no me gustan esos relatos
me dan...no se....repulsión?
interesante
medio enredado si?
no entendi mucho el principio

saludos amiga querida

La_Lyri_K dijo...

Gracias, comadre!

Mala o no...es una historia como cualquier otra.

No todos añoran las mismas cosas y tampoco la mayoría ama de la misma forma.

Salu2